Para traducir se requiere un profundo conocimiento de la propia cultura y lengua (que es a la única a la que se debe traducir), además de especialización en los diferentes sectores

La traducción es una disciplina de envergadura intelectual que requiere “verter o trasladar” a otro idioma el texto original, manteniendo la fidelidad al mismo, al tiempo que se respeta la personalidad de la lengua a la que se traduce. Es un proceso complejo porque las lenguas son producto y reflejo de las culturas de los países y, como tal, pueden interpretar mensajes muy distintos con las mismas palabras. Para traducir se requiere un profundo conocimiento de la propia cultura y lengua (que es a la única a la que se debe traducir), además de especialización en los diferentes sectores, para encontrar la forma más fiel de trasladar el texto, mensaje y estilo de lo que se está traduciendo. Es una profesión de larga formación y alta especialización, que, contrariamente a lo que un profano pueda pensar, requiere mucho más que el mero dominio de otro idioma.


Por otra parte, una buena empresa de traducción, además de contar con traductores altamente competentes en su disciplina, completa el ciclo de gestión de los más exigentes proyectos de traducción con la participación de otros profesionales del sector, como gestores de proyectos, revisores, ingenieros lingüistas, terminólogos, y expertos en lingüística computacional. Asimismo, debe dar soporte a sus proyectos de traducción con la utilización normalizada de las tecnologías más avanzadas específicas para el sector, para una optimización permanentemente de la relación calidad-precio: memorias de traducción, aplicaciones para gestión terminológica, traducción automática, maquetación, etc.